Vídeo resumen de la intervención en la Junta de Accionistas del Banco Santander 2020

Santander captura 

Participan en este vídeo:

Ahmeh Mohamed Saleh - Activista de Setem Comunitat Valenciana 

Nina González - Coordinadora desde 2013 de Finançament Ètic i Solidari (FETS)

Teresa de Fortuny - Investigadora del Centre Delàs en los ámbitos de arsenal nuclear y empresas de la indústria militar.

 

Buenos días señores y señoras accionistas, miembros del consejo de administración, señora presidenta.

 

Nuestros nombres son Eduardo Aragón y Gemma Amorós, e intervenimos en este foro como miembros de la Campaña Banca Armada, promovida por el Centre Delàs d'Estudis per la Pau, SETEM, Justícia i Pau, l'Observatori del Deute en la Globalització, FETS, Alternativa Antimilitarista-Movimento de Objección de Consciencia, Col·lectiu RETS y la Fundación Novessendes.

Representamos a 6 accionistas que, pese a las dificultades de la crisis sanitaria que estamos viviendo, han hecho el esfuerzo de delegarnos un total de 31.188 acciones para que volvamos, un año más, a alzar la voz para denunciar las políticas de inversión y financiación que vienen desarrollando en empresas de armamento durante los últimos años.

Sra. Botín, según los datos que hemos podido obtener, ustedes continúan invirtiendo o concediendo créditos a una serie de empresas vinculadas con el negocio de la guerra, el diseño y mantenimiento de armamento nuclear, la militarización y la securitización de nuestras fronteras y sociedades. El banco que preside, además, tiene el nefasto honor de ser el que más diversificada tiene su relación con las empresas del sector de defensa o, tal como preferimos llamarlo nosotras, del sector de la economía de guerra.

Hemos podido confirmar que durante el período 2014-2019, el Banco Santander ha apostado por relacionarse con almenos 15 empresas de la economía de la guerra. El montante total de todos estos créditos e inversiones –únicamente de los que tenemos conocimiento-, ha ascendido a una suma total en euros de casi 3.000 millones de euros. Repetimos, casi 3.000 millones de euros, destinados a financiar la industria de la guerra.

¿Y qué empresas son estas? ¿A qué se dedican? Pues bien, hay de todo tipo. Empresas Marca España, como MAXAM holding, una de las mayores fabricantes de explosivos y munición militar del mundo a través de su filial EXPAL, a la que otorgaron 283 millones de euros en créditos sólo en este período 2014-2019. También está el binomio INDRA-NAVANTIA, financiado con 82 millones, que han firmado recientemente contratos para el Suministro de Sistemas de Defensa Electrónica además de los Sistemas IFF CIT-25D para el Programa de las Corbetas Avante 2200 para Arabia Saudí, actual contendiente en la guerra del Yemen y que tiene una monarquía propensa a vulnerar los derechos humanos.

Sra. Botín y miembros del consejo de administración, ¿Creen ustedes que es moralmente ético seguir ayudando a estas empresas a financiarse, mediante la concesión de créditos revolving o participando como bookrunners en sus emisiones de bonos a empresas que firman este tipo de contratos?

También queremos destacar su relación con las industrias que participan del negocio del armamento nuclear, que por si no lo saben todavía, es el más peligroso y destructivo para la vida jamás diseñado. Según revela el informe, Shorting our security: Financing the companies that make nuclear weapons, escrito y publicado por PAX, Profundo e ICAN, ustedes han decidido invertir parte del patrimonio de sus accionistas en las siguientes empresas: Thales, 581 millones de euros, Safran, 434 millones, Boeing, 372 millones, Airbus, 295 millones, Fluor, 129 millones, Honeywell International, también 129 millones y Serco, 12 millones. En total, 1.953 millones de euros.

Vamos a analizar un poco qué relación tienen estas grandes empresas con el armamento nuclear.

Boeing, por ejemplo, está construyendo nuevas armas nucleares para Estados Unidos mediante un contrato de 297 millones de euros para lo que se denomina “Disuasión Estratégica Terrestre” que remplazarán a los misiles balísticos intercontinentales nucleares ICBM Minuteman III. Ese gigantesco fabricante también mantiene otros contratos relacionados con esos misiles, que ascienden a un total de más 620 millones de euros.

Otra de estas empresas, Fluor, está involucrada en varias instalaciones empresariales de armas nucleares estadounidenses. A través de una empresa conjunta, Savannah River Nuclear Solutions (SRNS), tiene un contrato de 7.100 millones de euros para construir componentes clave para el programa W88 Alt 370, la ojiva nuclear desplegada en el mísil Trident II.

Sra. Presidenta y miembros del Consejo de Administración, ¿Son conscientes que dos terceras partes de sus inversiones en armamento están destinadas a empresas relacionadas con armas nucleares?

Tienen ustedes en sus manos revertir estas decisiones en un futuro y dejar de financiar a estas empresas. Sin la ayuda o financiación de bancos como el Santander, a las empresas de armamento les costaría mucho más llevar a cabo sus actividades. Actividades manchadas de sangre, roja, como su color corporativo.

Suponemos que de momento les compensa seguir haciéndolo dado que no ven manchadas sus manos ni les comporta ningún riesgo para su reputación, pero cada vez más gente empieza a concienciarse: ya son 81 los países que han firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, y 36 los que lo han ratificado.

No está de más recordar los efectos que tendría un desastre nuclear: recordemos Hiroshima, recordemos Nagasaki, recordemos Chernóbil, recordemos Fukushima. Intenten imaginar cómo se gestionaría sanitariamente otra catástrofe de estas magnitudes, que no conoce fronteras y cuyos efectos nocivos perduran décadas. La crisis que estamos viviendo por la pandemia del Covid-19, a su lado, no es nada. Los profesionales de la salud son claros: “no hay ninguna forma para responder adecuadamente a una guerra nuclear. Nuestra única solución es trabajar juntos como una comunidad global, para prevenir que ocurra”.

Desde la campaña Banca Armada, en nombre de todas las personas accionistas críticas con sus políticas de financiación de la industria de la guerra, queremos exigir al Banco Santander que deje de invertir y financiar a este tipo de empresas de una vez por todas. Esperamos que nuestra denuncia poco a poco les vaya calando y removiendo sus conciencias, y que dejen de pensar únicamente en sus resultados anuales y sus dividendos.

 

[1] Fuente: https://www.icanw.org/global_doctors_on_covid_19_and_nuclear_war